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JAMES HORNER FILM MUSIC | enero 19, 2017 |

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AVATAR : UN CLÁSICO

AVATAR : UN CLÁSICO
Braulio Fernández Rodríguez
Artículo publicado en colaboración con Asturscore.com

 
Cuando ha transcurrido un minuto exacto de película, un motivo de cuatro notas retumba en el espacio (You Don't Dream In Cryo). Se advierte el peligro. No son nazis, no es la magia negra de Bavmorda, ni las huestes griegas de Aquiles. Es un nuevo y único viaje a través de la música de cine, en estado puro, que nos brinda James Horner.
 
Un clásico
Lo que tiene llevar unos cuantos años viendo, escuchando, y coleccionando música de cine, es que las sorpresas se cuentan con los dedos de una mano. Hay aficionados clásicos, y hay aficionados modernos, y los primeros se vuelven locos por John Williams, Jerry Goldsmith, o James Horner. A día de hoy, preguntarle a un fan de John Williams que daría por escuchar un nuevo trabajo de su compositor favorito, a la altura de la trilogía de La Guerra de las galaxias, o de Indiana Jones, resultaría muy probablemente en una escena nostálgica, con presencia del llanto. Y es que hay cosas difícilmente igualables, como Willlow, o Leyendas de pasión. Pero para los que creían que no volverían a escuchar y ver algo como Braveheart por parte de Horner, ha llegado la oportunidad de redimirse.
Avatar es el más reciente clásico de James Horner. No sabemos, ojalá no, si será el último, pero desde ya, su colección de grandes obras ha aumentado en una. Avatar debe permanecer por derecho propio en esa estantería donde resplandecen Star Trek II, Cocoon, En busca del valle encantado o Apollo XIII. Se trata de un score temático, según la definición del propio compositor, rico en matices, variado, bueno o más bien genial, pero sobre todo, cine del grande. Una de esas partituras que permanece agarrada a la piel de la película y que no puede desprenderse de ella. Y es así porque capta, modela, y transmite al espectador aquello donde las imágenes, los actores, los efectos especiales, no pueden llegar: la emoción última.
Pero no solo Avatar es un clásico. Como es natural, quién ha fabricado su música también lo es. El propio Douglas Fake, productor de la discográfica americana Intrada, recuerda que el score “es labor de un artesano de la música de cine”. En su opinión, Avatar es una de las pocas ocasiones que hoy en día se le brindan al aficionado para escuchar arte en las salas de cine. Su autor, James Horner, es el último clásico en pie. Con los recientes fallecimientos de genios como Goldsmith, Bernstein, o la disminución por motivos de edad del ritmo de trabajo en John Williams, el compositor oriundo de California sigue haciendo honor a la profesión. Si es el mejor, o simplemente si es bueno o no, depende ya de gustos. De lo que no cabe duda es de que se trata de un trabajador nacido al albor de los grandes, y que durante tres décadas ha dejado tras de sí más de una veintena de títulos inolvidables, entre los que se encuentran las dos películas más taquilleras de la historia del cine. La última de ellas, Avatar.
 
Tres décadas de un binomio exitoso
Los binomios director – compositor más famosos de la historia pasan por ser los de Spielberg y Williams, Hitchcock y Herrmann, o Goldsmith y Schaffner. James Horner también ha tenido largas relaciones, alcanzando en el caso de Ron Howard, la friolera de más de media docena de películas, en la que es la relación más larga del compositor con un regidor. Sin embargo, el binomio más popular que ha protagonizado, y por el que será recordado, es el que le une a James Cameron, con quién ha trabajado tan solo en tres ocasiones: Aliens el regreso, Titanic, y Avatar. La importancia de las cintas, es lo que ha forjado la popularidad de la pareja.
Entre Aliens, de 1986, y Avatar, de 2009, ha pasado un cuarto de siglo, si bien la cinta de ciencia ficción no es el punto de encuentro entre James Horner y James Cameron. Ambos se conocieron en la película Battle beyond de stars (Los siete magníficos del espacio, Roger Corman, 1981). Ambos daban entonces sus primeros pasos en el cine: James Horner ya como compositor, y James Cameron como encargado de efectos especiales. No es la única relación que James Horner ha emprendido durante su etapa con el genio de la serie B, Roger Corman, ya que según se supo posteriormente, también Ron Howard se inició como director en la escuela de aquel, siendo ese el motivo que le llevó posteriormente a reclamar los servicios de James Horner para su película de 1985, Cocoon.
Es por eso que la relación del compositor californiano con James Cameron se extiende ya tres décadas atrás en el tiempo. La suya ha sido, además, una relación digna de dos enamorados, con disputas, riñas, separación, y reencuentro. “James Cameron solo hay uno, y si quieres hacer la música de su película, tienes que asumir que lo harás a su manera”, declaraba tras la grabación de Avatar James Horner.
Su primera experiencia profesional, la mencionada Aliens, ha sido tildada por el californiano como la peor de su ya extensa carrera. James Horner llegó a Londres para grabar la música y se encontró con que, a pesar de lo que creían en el estudio, la cinta no estaba ni mucho menos terminada. James Cameron aprovechó el plazo para la grabación de la banda sonora para dar los últimos retoques a su película, dejando a James Horner con poco más de diez días para escribir la música. Las exigencias, a pesar de ello, fueron máximas, y según se difundió en un reportaje incluido en la edición en DVD de la película, el compositor estuvo apunto de dejar el proyecto. “Me dirigí a Cameron y le dije que si creía que alguien podía hacer mejor el trabajo en esas condiciones de tiempo, que se sintiera libre para contratarlo, porque además me gustaría conocerlo y así poder aprender algo. Fue un momento duro, pero finalmente la cosa se calmó”, señala el propio James Horner en la entrevista. El compositor grabó en tiempo record, y el resultado fue su primera nominación al Oscar.
En Titanic habían pasado más de diez años, y los dos habíamos cambiado, explica James Horner. Entre medias, James Cameron contó con Alan Silvestri, y Brad Fiedel para componer sus películas de The Abyss o Terminator 2. Pero “Titanic era una historia que creía que podría contar bien”, apunta el californiano. Y la reconciliación se hizo efectiva. James Horner ganó dos Oscar de Hollywood, uno a la mejor banda sonora original, y otro a la mejor canción, la película se convirtió en la más taquillera de la historia hasta ese momento, y el disco en el más vendido.
Solo Avatar arrebataría a Titanic el trono de la película más popular de todos los tiempos, doce años después, y ya sin ningún género de dudas sobre quién iba a hacerse cargo de la banda sonora. “No ha habido altas temperaturas en esta ocasión. Tanto Cameron como yo hemos estado relativamente serenos. A veces hemos discrepado, y he repetido muchas cosas, no tengo problemas en rescribir escenas”, explica el compositor californiano, a cerca de su trabajo en Avatar. “Siempre hay negociaciones, también algo de libertad creativa, y los dos tenemos gran confianza el uno en el otro, pero él es el escritor, el director, el operador de cámara, y el editor, así que es difícil hacerle desprenderse de su propia visión”.
Así se comenzó a gestar Avatar, la tercera de las películas en las que han colaborado James Horner y James Cameron. “Conozco a Jim. A veces me está hablando de una escena y que es lo que quiere para ella, y en ese momento yo ya se que cuatro meses después volveremos a tener una conversación sobre la misma escena aunque me estará pidiendo para ella algo totalmente diferente”, dice el compositor. Con todo y con eso, “en Avatar he tratado de dar todo el romance y la emoción que he podido”.
 
Dos años solo para ser azul
Le prometí a James Cameron que no trabajaría en ningún otro proyecto durante un año y medio, y al final llevó incluso más tiempo”, ha declarado James Horner. “He trabajado en Avatar desde las cuatro de la mañana y hasta las diez de la noche. Esa ha sido mi vida desde marzo de 2008 y hasta finales de 2009”, añade. Y es que mucho se ha hablado sobre el periodo de tiempo empleado por el compositor, y que ha mantenido alejada su música de las salas de cine durante más tiempo del habitual, habiendo compuesto sus últimos trabajos a finales de 2007 y principios de 2008: The Life Before Her Eyes, The Spiderwick Chronicles, y The Boy in the Striped Pyjamas.
Buena parte del tiempo empleado durante el 2008, periodo durante el cual, Horner no tuvo aún una película sobre la que componer, lo dedicó a la creación del “tapiz de colores” que representaría el novedoso mundo de Pandora. “Lo que he hecho es crear un mundo que emplea una cantidad inmensa de colores, pigmentos que no han sido escuchados nunca con anterioridad”, explica el norteamericano. La creación de ese tapiz sobre el que luego aplicaría los temas principales, y la música principal, incluye “muchísimas vocalizaciones diferentes, así como música orquestal convencional”. Horner ejemplifica su idea explicando como “el espectador puede escuchar en Avatar un fragmento de música orquestal, y entonces tres o cuatro instrumentos étnicos suenan, y alguien canta, mientras la orquesta continúa, todo en una misma secuencia de doce minutos de duración” (Interview at Avatar Premiere, London in December 2009 by David Bass)
Parte de ese trabajo por crear el tapiz musical de Avatar tuvo su parte más difícil en la creación de una lengua musical propia. Así, Horner trabajó codo con codo con Wanda Bryant, una profesora de etnografía especializada en diversas lenguas. La idea era que la lengua Na´vi, que James Cameron impulsó para que la comunicación entre los habitantes de Pandora fuese lo nunca oído, formase parte del texto que los coros tenían que cantar en el score. Esto tuvo su implicación directa sobre el trabajo final de Horner en momentos decisivos de la película. Así, no solo los extraterrestres canturrean cual indios navajos en varias escenas de la película, sin acompañamiento musical, sino que varias secuencias de acción se ven reforzadas por estos cantos Na´vi, así como alguna otra escena esencial, como la de la ascensión de las montañas Allelujah.
Hay muchos sonidos vocales diferentes, extraídos de diferentes partes del mundo. Desde Sudamérica hasta Finlandia”, explica el compositor respecto a su aproximación musical al mundo de Pandora. Entre las aportaciones vocales destaca la participación de un solista masculino infantil, la voz femenina de Lisbeth Scott, y los cánticos generalmente agresivos de un solista masculino en un estilo similar al empleado por el compositor en su score para la película de Mel Gibson, Apocalypto (2006).
Pero como no solo de coros vive ese planeta extraterrestre, Horner apunta otras líneas de actuación en la innovación del ámbito musical como son la creación de nuevos instrumentos, algo frecuente en su filmografía. “Hemos creado nuevos instrumentos, así como recuperado algunos de diferentes culturas musicales”, afirma. La más destacada de las aportaciones por parte de las músicas del mundo es el gamelan, un conjunto de instrumentos de origen indonesio.
Un montón de piezas de percusión de Avatar están basadas en el gamelan, y otros sonidos derivados de éste”, dice James Horner. Se trata básicamente de un grupo de instrumentos “de percusión, aunque con detalles que asemejan su sonido al de campanas”. En opinión del compositor, el resultado a causa de su utilización es “muy interesante”, al estar alejado de la percusión tradicional.
El gamelan aporta sonidos exóticos con un ritmo pausado ya que utiliza la escala pentatónica, y está formado por un metalófono, un xilófono, tambores y gongs. Su utilización ha otorgado personalidad a la música de Avatar, como también lo han hecho otros instrumentos de nueva creación, una constante en la carrera de Horner. La mayor parte de estos son de percusión, persiguiendo el mismo efecto que el golpeo de tuberías provocó en Titanic, dándole a su música de acción un carácter único. Según se ha difundido, en The Missing (Desapariciones, Ron Howard 2003), Horner pidió a sus percusionistas que golpeasen sillas contra un suelo de madera, y el resultado es claramente audible en el score.
A pesar de todo este trabajo de documentación e innovación instrumental, y que conllevó la mitad del tiempo que el compositor le dedicó a Avatar, Horner considera que la aproximación, ya puramente musical, a la película, es tradicional. “Visualmente, el espectador es capaz de aceptar casi cualquier cosa, pero si hablamos de música de cine, no puedes poner algo que está a años luz”, apunta el californiano. “Discutí este aspecto en numerosas ocasiones con James Cameron, y resolvimos que el espectador no estaba preparado para una experiencia musical totalmente nueva, avant garde. El score tenía que ser terrenal, porque así es el oído de todo el mundo”. Y más a fondo, casi pegado a la película, Horner optó por su método tradicional para componer, muy cercano a la emoción de la película. “Los momentos más emotivos de una película son los que prefiero componer con más tino, donde más destaco la música, porque son donde el espectador es más sensible, cuando llora por ejemplo. Esa experiencia es la que le queda después”, concluye.
 
Los temas de Avatar
La aproximación musical de Horner al mundo de Avatar, ha sido, efectivamente tradicional, con una estructura temática, que se asienta sobre un conjunto instrumental en el que, como se ha explicado, comparten espacio los instrumentos de orquesta tradicional, los instrumentos étnicos, los instrumentos de nueva creación, y coros de diferentes tipos. Así pues, los temas son la base narrativa del score, y en Avatar Horner ha dado lo mejor de sí mismo, componiendo más de media docena de motivos y melodías que asociar a personajes y secuencias. Estos, son algunos de los más destacados :
 
Tema del Thanator
El Thanator es un animal salvaje del planeta Pandora, agresivo, y de gran tamaño, que tiene dos apariciones estelares en la película, una al principio, y otra cerca del final. En el primero de los casos, su presencia permite hacer ver al protagonista, Jake Sully, ya inmerso en su avatar pandoriano, que el mundo en el que se introduce no es solamente el paraíso que hasta ese momento había visto. Además, ofrece la primera secuencia de acción pura de la película, en una persecución de algo más de dos minutos en la que escuchamos por primera vez el tema del Thanator. Se trata de una fanfarria ejecutada en metales. Con un ritmo pulsante por detrás, el tema resulta poderoso, violento, y constante, como el propio animal al que representa, que no cesa en su persecución al protagonista. Al final de la película, el monstruo aparece de nuevo, y con él la primera frase de su fanfarria, que resulta inacabada porque pronto es sustituida por un breve motivo noble, ya que en ese momento el Thanator aparece para ayudar a los protagonistas. En la pelea con Quaritch, el tema será utilizado de nuevo, esta vez con más desarrollo.
 
Tema del pueblo Na´vi / Omaticaya
En una de las escenas musicalmente más decisivas, la de la incursión de Jake en el bosque, junto a Neytiri, y su llegada al árbol madre y al pueblo Na´vi, se pueden apreciar hasta dos temas distintos, y al menos un motivo secundario, que se corresponde con la representación musical de la fauna y la flora de Pandora, y que aparece en repetidas ocasiones durante el primer tercio de la película. Al llegar al árbol madre y ver al pueblo de Neytiri, escuchamos, por primera vez y de forma breve, el que será el tema del héroe salvador de Pandora, el tema del Jake azul, para posteriormente oír el del pueblo Na´vi. Es un tema de esencia tribal, con un sonido sintetizado que emula un rugido grave. Pronto surgen las trompetas para dibujar la fanfarria asociada al pueblo extraterrestre, y el carácter solemne de la música describe a la perfección la impresión que la película pretende dar de los jefes de la tribu, ya que el tema tiene incluso cierto cariz aterrador, que es como posiblemente Jake se sentiría al presentarse ante ellos por primera vez. Ya se ha hablado de que la técnica de composición de Horner opta por tratar de transmitir al espectador el sentir del protagonista, y con la escena de la llegada de Jake al árbol madre sucede así. Eres el nuevo, y estas un poco asustado. El tema acaba con unas voces indígenas de nuevo inquietantes (Pure Spirits of the Forest).
 
Tema de las montañas flotantes
Los protagonistas humanos se internan por primera vez en variado paisaje de Pandora, por el que viajan en su nave. Al descender y salir de una zona nebulosa se dan de bruces con una escena sobrecogedora: Las montañas del planeta no están ancladas al suelo, lo que les causa una gran impresión. Más allá de lo anecdótico de la escena, Horner pretende que el espectador note la sensación de sorpresa y ensimismamiento que una imagen tan novedosa les produce, tejiendo para ello un tema fantástico. Comienza con cuerdas de fondo, sobre las que se dibuja un tema en trompeta. Suenan de nuevo las cuerdas, lentamente al principio, y en un crescendo, culminan de nuevo con el tema tocado por la sección de cuerda y viento metal al unísono, para derivar de pronto en un tema que surgirá posteriormente, el de las montañas Allelujah. Suena brevemente, pero referencia ya que es ahí donde Jake tendrá que ganarse el respeto del pueblo Na´vi, ascendiendo a su cima. Horner imaginó una música perfecta para el universo creado por James Cameron.
 
Tema de Avatar, tema de amor
El tema principal de Avatar es sin lugar a dudas el tema de amor escrito por Horner para Jake y Neytiri. Al final, el compositor californiano se sale con la suya y suscribe que lo importante de la historia que James Cameron trata de contar es el romance entre los dos protagonistas, clave para su desarrollo y desenlace. La primera vez que escuchamos íntegramente el tema de amor es durante la escena de aprendizaje de Jake con el pueblo Na´vi. Trata de aprender sus costumbres, y Neytiri le acompaña en esa misión, surgiendo en ese momento el flechazo entre ellos. La magia que desprende el tema en su primera aparición es inigualable, mezcla de una melodía romántica tradicional, y una ambientación etérea que describe a la perfección lo que Horner pretende: Jake se enamora al mismo tiempo de Neytiri, que de Pandora. Ambos son puros, sinceros, y sin vicios. El tema surge por primera vez sintetizado, y pronto va construyéndose así mismo con el añadido de las cuerdas y el sustento del piano. Es una melodía bella, sencilla, pero construida mediante una frase larga, de la que posteriormente se utilizarán las primeras notas para utilizarlas como leit motif. Es la primera vez, también, que vemos a uno de los dos protagonistas volar a lomos del Ikran, el pájaro alado. Y es el vuelo y su sensación de libertad y paz lo que Cameron y Horner han querido destacar como la verdadera génesis de Avatar, ya que representa un mundo, y su forma de vivir (The Bioluminescence Of The Night).
 
Tema de las montañas Allelujah
Jake debe superar una última prueba para demostrar que es uno más de los Na´vi, tomando posesión de su propio pájaro alado, tras alcanzar la cumbre de las montañas Allelujah, o Iknimaya. Para Horner, dicha prueba debe significar un nuevo motivo temático, desarrollado con coros, en una larga melodía que recuerda al tema principal de Tiempos de gloria (Glory, Edward Zwick, 1989). Es un tema espiritual, tribal, y que describe el viaje del protagonista en dos sentidos: por un lado el físico, que permite al espectador contemplar la belleza del paisaje del planeta Pandora, apoyado por lo bello de la melodía, pero también el viaje espiritual de Jake, que está apunto de convertirse definitivamente en uno más de los Na´vi. El tema es apuntado brevemente durante la llegada del protagonista al planeta, y suena en toda su extensión durante la ascensión al monte, en uno de los pasajes de la película en que más presencia tiene la música, muy descriptivo, y sin apenas diálogos o efectos de sonido (Climbing Up Iknimaya / The Path to Heaven).
 
Tema del Jake Sully humano
Jake Sully, el protagonista, es un marine confinado de por vida a una silla de ruedas, víctima de la guerra. Antes de que la película supere el ecuador, y entre en su fase decisiva, la batalla por el control el planeta, el personaje interpretado por Sam Worthington se encuentra en la encrucijada. A caballo entre dos cuerpos, el humano y el extraterrestre, ha encontrado el amor con Neytiri, a la que debe abandonar cada vez que es desconectado de su avatar. Es entonces cuando aprecia con más dolor la realidad de su físico, que le mantiene atrapado no en una silla de ruedas, sino en un mundo del que ha descubierto que no es su sitio. Horner emplea entonces el violín, apoyado solamente por un triste piano, recreando la amargura de Sully, en una sentida melodía que aparece hábilmente en las ocasiones en que vemos la soledad del protagonista en su mundo original. Especialmente conmovedor resulta este tema cuando tiene lugar tras una escena de amor entre los protagonistas. Horner pretende que el espectador tome cuenta de la triste realidad que impulsará la posterior decisión que tomará Jake. Este momento tendrá lugar al final de la película, cuando debe abandonar definitivamente su parte humana para convertirse para siempre en un alien. El tema suena entonces brevemente, triste, como en las anteriores veces, pero esta vez para indicar que ese mundo será abandonado para siempre, y esas son las últimas notas de score de Horner en la película, de ahí su importancia semántica. Además, y según fue revelado por la propia productora de la película, existe bastante material inédito sobre la vida terrestre del protagonista, al comienzo de la cinta, lo que añadiría, aún más, relevancia a esta melodía.
 
Tema del Avatar de Jake / Turuk Mahkto
El cuerpo alienígena le devuelve a Jake aquello que perdió en la tierra, pero además le permite abrirse camino en un nuevo mundo. Para ese Jake, cuyo destino será, además, salvar ese planeta donde se aloja su nueva vida, Horner compone un tema de carácter épico. Aparece por primera vez cuando se consolida su relación con el pueblo extraterrestre, una vez superadas las diferentes pruebas a las que fue sometido. Es uno más, y desde ese momento escuchamos una melodía extraída del tema de amor que Horner compusiese para Las Cuatro plumas (The Four Feathers, Sekhar Kapur, 2002). De nuevo, y como sucede con el tema del Jake humano, este motivo se convierte en decisivo a lo largo de la película, para reflejar la total asimilación de la cultura Na´vi que ha experimentado de forma voluntaria el protagonista. Además, y debido a la versatilidad del tema, Horner se aprovecha de su uso en la fase final de la película, como un leit motif, para la narrativa escena de la guerra, en la que confluirán muchos contendientes, y que la música ayudará a revelar. Aquí, el tema, que hasta ese momento había sido ejecutado mayormente en cuerda, se pasa al viento metal. La mejor rendición del mismo tiene lugar, por otra parte, durante la reunión de los clanes del planeta, previa a la guerra, debido a su espectacular desarrollo y finalización épica. Es clave además, porque transforma al personaje, que dejará de ser Jake Sully para convertirse en el ser mítico Turuk Mahkto.
 
Tema del Coronel Quaritch
Como es sabido, el mal tiene su representación musical en el universo horneriano en un motivo flexible de cuatro notas, que el compositor utiliza desde el principio de su carrera incluso con carácter de rúbrica. Pero además, la película de Avatar tiene su encarnación del mal en el personaje del Coronel Quaritch, que pretende eliminar a los habitantes del planeta de Pandora. Para este personaje, James Horner escribe un motivo ejecutado en primer término por el viento metal y unos coros, y sustentado por la percusión, que surge durante la primera invasión del personaje interpretado por Stephen Lang al ecosistema extraterrestre, para la destrucción del árbol madre. Los cánticos de la masa coral son agresivos, y pretenden dar sensación de aplomo a la actitud del Coronel, en su acercamiento al poblado Omaticaya (Quaritch).
 
Tema de los animales de Pandora
Una de las más originales, y mejores, fanfarrias de las varias que contiene el score de Avatar es la que ilustra el arrojo de los animales del planeta Pandora en su intervención en la batalla final que se libra por el control de ese mundo. El tema surge al inicio de la segunda parte de dicha guerra, hacia el final de la película, y cambia el discurso narrativo musical, hasta entonces más grave, ya que la ayuda de la fauna pandoriana será decisiva para que la victoria se decante del lado de los Na´vi. El tema se refleja optimista, pero sobre todo épico, y con su forma de fanfarria, poderosa, bien nutrida de metales, James Horner aporta una idea clara: no es un rebaño el que acude al rescate, sino el mejor de los ejércitos posible.
 
Avatar, primera parte: una historia de amor
Unos coros sobre una percusión tribal anuncian el viaje que Jake Sully, un ex marine en silla de ruedas, ha realizado en sueños sobre el planeta de Pandora. Ese viaje se tornará real durante Avatar, que comienza en el espacio, mostrando en su escena inicial toda la tecnología que el hombre del planeta Tierra ha conseguido desarrollar para no poner límites al espacio. De nuevo los coros, esta vez de una voz femenina, acompañan las imágenes del cosmos. James Horner, como ya hiciera en Apollo XIII o Deep Impact, asocia musicalmente el espacio de esta forma, para contraponer la belleza de las estrellas con la soledad de quién osa habitarlas. En el descenso de la nave del protagonista al suelo de Pandora escuchamos un breve motivo épico y percusivo, para adentrarnos en el masculino mundo de los colonizadores humanos, que juegan el papel, por esta vez, de alienígenas conquistadores.
El misterio, a través de una música tenue ejecutada mediante violines y sintetizadores, se apodera entonces de la partitura durante el discurso que el Coronel Quaritch regala a los nuevos habitantes de Pandora, incluido Jake, que después conocerá por primera vez su cuerpo de avatar, con un acompañamiento musical similar al anterior.
 
La música también acompaña la historia de amor entre Neytiri y Jake
Tras la llegada de Sully a Pandora, la segunda gran secuencia musical de Avatar tiene que ver de nuevo con un viaje. Esta vez se trata del trayecto que lleva al protagonista de un cuerpo a otro por primera vez en la película. Con su avatar como sustento, Jake respira por vez primera el aire de Pandora, y Horner trata de acompañar la aventura con los primeros compases de música tribal, étnica, en la que no falta abundante y variada percusión y flautas de madera, entre ellas la de pan. Horner roza con sus notas el tema principal o de amor, decantándose por destacar la sensación de libertad que siente el protagonista. La música recuerda en cierto modo, aunque no en su escritura, a la compuesta por el compositor para Cocoon (Ron Howard, 1985), con empleo de la trompa, el instrumento por el que más cariño ha mostrado a lo largo de su carrera. Es un motivo hermoso, que acompaña el primer contacto de Jake con Pandora, a través de su vista, olfato, e incluso gusto y tacto (Jack Enters His Avatar World).
La primera secuencia de acción musical de la película llegará con el encuentro de Jake con un animal salvaje, el thanator, en la selva de Pandora, y que ya ha sido analizado en la sección de los temas. La intervención del animal separa al protagonista de sus amigos humanos y le adentra en lo desconocido, donde comenzará a tomar contacto con la fauna y la flora del planeta. La música de la selva pandoriana muestra la inocencia del paraje, pero también su agresividad. El sintetizador y lejanas voces masculinas son empleadas para lo misterioso, mientras que de nuevo el sintetizador, acompañado de leves líneas de cuerda acompañan el descubrimiento de la pureza del lugar.
Llega el momento de encontrarse con Neytiri, la bella extraterrestre de la que Jake acabará enamorándose, y con ella el viaje de transformación del protagonista. En su primera excursión por la selva, y mediante el sintetizador, que será omnipresente en todo el score, escuchamos un retazo del tema de amor, con sus cuatro primeras notas, antes de que Neytiri lleve a Jake ante su pueblo, donde con música solemne, escucharemos el tema del pueblo Omaticaya, que espera bajo el árbol madre. La grandeza del lugar queda bien representada por la música.
A partir de aquí comienza la inmersión del protagonista en la nueva cultura, el nuevo mundo, y la pretensión de Horner ha sido afrontarlo musicalmente como en él es de costumbre: optando por tratar de acercar las sensaciones del protagonista al espectador, de forma que éste sufra, ría, o se emocione, del mismo modo que Jake Sully lo hace. La pretensión es aún más ambiciosa en un producto como Avatar, en el que se apuesta por la sorpresa que lo nuevo (un nuevo mundo) produce. Para ello, el compositor californiano necesita indagar, seleccionar, desechar, y finalmente construir, las ideas musicales que el guión y las imágenes de Cameron le han sugerido.
La estructura no temática de la primera mitad del score tiene en el sintetizador y la música tribal su pieza clave. Con estas dos herramientas, Horner es capaz de tejer perfectamente la música de las escenas de acción, las del viaje del conocimiento, y las del enamoramiento. En cada momento aparecerán para la ocasión los coros, solistas y en conjunto, masculinos, femeninos y mixtos, e incluso sintetizados.
Sobre todo, Horner trata de dar expresividad a las escenas de vuelo, aquellas en las que los protagonistas montan los pájaros de caza. Con un estilo cercano al del chill out, aunque más a medio camino entre la música electrónica de los noventa y las músicas del mundo, el compositor emplea el tema de amor en estas ocasiones para dibujar lo que el propio James Cameron ha descrito como la verdadera esencia de la película: la sensación de volar. En este sentido, Horner se ha propuesto hacer partícipe al espectador de esa sensación liberadora y acongojante (Becoming One Of The People – Becoming One With Neytiri).
Cuando Neytiri vuelva por primera vez en presencia de Jake, el tema de amor suena por primera vez en toda su extensión, y lo hará posteriormente cuando sea el hombre el que consiga dominar el cielo con su Ikran. En esa secuencia, la verdadera obsesión poética de Avatar (la idea de que el hombre pueda volar sin ayuda mecánica), el tema principal de Horner será protagonista, pero estará además acompañado por una breve rendición del tema de las montañas Allelujah, e incluso de un nuevo pasaje melódico que reflejará lo embriagador del vuelo (Jake's First Flight).
Con el dominio de las riendas del pájaro, Jake conseguirá además apaciguar a los Omaticaya, que ya le verán como uno más, pero sobre todo conquistar a Neytiri, y por eso a partir de ese momento, la música se extiende en la descripción del romance entre los protagonistas, con varias rendiciones del tema de amor. La música es para la ocasión lo que la luz luminiscente para el ambiente de los enamorados: un acompañamiento motivador. Horner se sienta en la butaca del cine y se pregunta: ¿cómo es amar a una extraterrestre?, obteniendo por respuesta que el amor es indiferente también a las distancias galácticas. Así, apreciando el entorno virgen de la noche de Pandora, teje musicalmente las imágenes del encuentro amoroso de Jake y Neytiri con especial delicadeza, dando como resultado en un tema único, enormemente bello y original.
Pero como decía una canción de Ismael Serrano, “todas las historias de amor, al menos las más bellas, la nuestra por su puesto también, acabó en tragedia”. Y no tanto, pero casi, la historia de Jake y Neytiri se ve interrumpida por las máquinas de los humanos que tratan de extraer la riqueza de Pandora. Las dificultades para Jake acaban de empezar. Y la película, en su ecuador, cambiará radicalmente para orientar la narración ahora hacia la defensa bélica y mística del planeta Pandora. El barco ha impactado con el iceberg (Scorched Earth).
 
Avatar, segunda parte: una historia de guerra
Jake despierta de un sueño, o de la realidad, ni él mismo lo sabe, y la película avanza hacia su fase de acción. El Coronel Quaritch comienza a destruir la vegetación de Pandora, mientras el protagonista trata de impedirlo. Con una música urgente, en la que se fusionan varios recursos típicos de Horner, como los violines creando el sentido de urgencia, los redobles de tambor, y el protagonismo de los metales, más el añadido prototipo de Avatar y Pandora, los sintetizadores, asistimos a las primeras secuencias dramáticas de acción. La más importante de ellas, es la aproximación de Quaritch al árbol madre, el lugar donde residen los Omaticaya. En esta secuencia, escuchamos por primera vez el tema de acción que Horner asocia al militar, en una fase musical en la que el compositor no pierde el hilo de la narración, apoyándola con diversos interludios musicales, que deambulan desde los puntos de vista de los héroes y los villanos.
Los cielos antes surcados por pájaros y seres azules son ahora dominio de las naves humanas, que, y esa es la sencilla moraleja de la película, pretenden extraer de Pandora toda su riqueza, tras haber acabado con la de la Tierra. El primer paso para la destrucción del planeta de los Na´vi llega con la todopoderosa secuencia de la aniquilación del árbol madre, cuyo realismo es desde luego estremecedor. Más aún lo es la sensación de desgracia que se cierne sobre los simpáticos (para el espectador) habitantes de Pandora, y por eso Horner pinta una secuencia musical en la que no le faltan recursos (The Destruction Of Hometree).
Mientras las naves disparan proyectiles con el consentimiento de los metales graves de Horner, los Na´vi se defienden con las flechas, y con ellas el shakauachi, y otros instrumentos tribales, todo ello formando la primera persona de un tejido musical en el que tampoco faltan las cuerdas, que son quienes dan sentido de dramatismo al momento, y golpes violentos que recuerdan al hundimiento del Titanic, con percusión de tuberías, entre otras artimañas que añaden realismo a la acción. La caída del árbol madre es apoyada por los coros, que ofrecen a su vez majestuosidad al final del enorme vegetal. Y a partir de ese momento la música del lamento sitúa el optimismo de los buenos en el cero. La escena regresa al laboratorio de Grace (Sigourney Weaver), donde el fracaso se confirma con la voz de Lisbeth Scott (Shutting Down Grace's Lab).
Sin tiempo a reaccionar, los protagonistas se levantan de nuevo, con la ayuda de una de las grandes heroínas de la película, Trudy Chacón (Michelle Rodríguez), en una nueva secuencia en la que la música sintetizada salta al primer plano, apoyada por orquesta, en un momento entre lo épico y lo gamberro, cuando los protagonistas escapan de la prisión y ponen rumbo a la tierra de Pandora. Es un momento particularmente entretenido musicalmente, el que sigue los pasos de Chacón por la nave, lo que unido a la escena final de la película, y la inicial de las montañas flotantes, sitúan la presencia de la actriz entre las más atractivas musicalmente de toda la cinta.
La huída de la base humana, (huída de la puerta del infierno), es una de las principales demostraciones de cómo Horner ha adaptado la electrónica moderna a su propio estilo, obteniendo con ello uno de los golpes maestros de Avatar, consiguiendo además llegar así a todo el público. Y es Horner en estado puro, porque comienza con los famosos “crashing” pianos empleados por el compositor en cintas como El informe pelícano, Los fisgones, o Apollo XIII, cediendo luego el testigo a la electrónica, bien apoyada por una original percusión donde aparece el novedoso instrumento indonesio del gamelan.
La escena del regreso de Jake a su cuerpo Na´vi es de lo mejor de la cinta, pues es fácil discernir que en ese momento, el protagonista es un traidor de los dos bandos, y solo le queda una opción para reflotar la situación, haciéndose con los cuernos del gran Turuk, el ave más poderosa de Pandora. En ese momento, comienza la gran narrativa épica de Avatar, y su equivalente en la música de Horner. La percusión aparece, y las primeras notas del tema del Jake pandoriano lucen en primera persona. Los metales se apoderan del score.
Hay un último momento para que el score propulse la mística de los habitantes de Pandora, en la secuencia en que intentan salvar la vida de la doctora Grace Augustine, con protagonismo musical de los sintetizadores y la percusión tribal. El personaje de Sigourney Weaver no sobrevive, y el tema del Jake humano aparece, reflejando el carácter débil del ser proveniente de la Tierra.
Jake inicia su discurso al pueblo Omaticaya con el sustento del tema de su ser azul, con violines. Convence a los Na´vi de que la lucha contra los hombres del cielo es posible, en términos de victoria, y pide la colaboración de todos para reclutar a las diferentes tribus del planeta de Pandora. En ese momento, asistimos a una de las mejores secuencias música – película, ya no de esta cinta, sino de muchas, al juntarse toda la esencia de la música horneriana. El espectador tiene que sentir el entusiasmo de los protagonistas, y acuden a la cita los sintetizadores, los coros y los metales, sin apenas efectos ni diálogos, para unir a los pandorianos contra la opresión. La secuencia está hecha a la medida de la música, con un comienzo y un final únicos. En el medio, vemos la transformación de Jake Sully en otro ser: Turuk Mahkto, y descubrimos el tema que Horner le había preparado desde hace tiempo en todo su esplendor. Más épico imposible (Gathering All The Na'Vi Clans For Battle).
Cuando los árabes llegaron hace más de mil años a Asturias, para continuar su conquista de la península ibérica, se toparon con las montañas, que eran un terreno mejor conocido por los astures, y esa es la estrategia que prepara el Turuk Mahkto para vencer a las hordas invasoras. El primer plano es para éstas, arrancando sus naves hacia la batalla, una secuencia musical que Horner apoya con percusión y metales. Comienza la escena musical más alucinante que se ha visto en décadas, donde se darán cita todas las ideas instrumentales y melódicas a las que Horner ha recurrido durante más de dos horas. No perderá en ningún momento el hilo de la trama, secundando, casi como si se tratase de “mickey moussing”, cada acción de los personajes, y sin embargo, dando cohesión a todo ello. Al final, resultará en veinte minutos, si, veinte minutos de música sin parar para honrar la mejor forma de hacer música de cine.
Como estrellas invitadas a la fiesta están un nuevo tema de acción, en coros, percusión y toda la orquesta a su lado. Los coros tienen dos frases melódicas diferentes, para respectivos momentos de la secuencia, y en ambos casos suenan tremendamente épicos. Las voces son protagonistas, pero no menos lo son trompetas. Cuando la batalla parece perdida, vuelve la voz y el lamento de Lisbeth Scott, en la antesala del comienzo de la segunda parte de la batalla. Cameron pone entonces al espectador en un aprieto, dándole a entender que Neytiri se convertirá en mártir ante las tropas enemigas. La música acompaña con un “in crescendo” que hace presagiar algo, pero no se sabe que. Entonces un silencio necesario precede a la aparición estelar del tema de los animales de Pandora, que se suman a la lucha contra los conquistadores. Éste momento se encuentra también, como lo fue antes la intervención de Chacón en la batalla, entre lo más emocionante de la partitura (War).
El signo de la victoria se inclina, pero no lo hace la narración musical de Horner, que en la secuencia final de la segunda parte de la batalla regresa a sus orígenes con pasajes musicales que recuerdan las mejores escenas de Aliens. Entonces comienza la lucha final entre la pareja de enamorados y Quaritch. Primero tendrá protagonismo la lucha entre el Thanator, con su tema como actor musical principal, y la máquina que pilota el Coronel. La amenaza se hace visible con la aparición del motivo de cuatro notas: Quaritch trata de matar el cuerpo de Jake Suly, escondido en una cabina en el bosque. Su cuerpo está en peligro, pero Neytiri acude al rescate, lo que permite asistir a la escena esperada: el encuentro físico amoroso entre un humano, y una extraterrestre. La voz solista de Lisbetth Scott acompaña, y para el climax final, en un nota baja, Horner emplea un instrumento sintetizado de viento madera, que muestra el tema de amor. Todo junto, música y secuencia, resultan emotivos por lo poético de su significado, y por lo original para el espectador, en el albor del siglo XXI. Amor alienígena e interestelar.
Tres apuntes temáticos para el epílogo: el tema del Jake humano, que suena por última vez mientras el protagonista graba su último video antes de acudir a la su “fiesta”. Un bautismo en vida extraterrestre que Horner describe con la utilización del tema de las montañas Allelujah, que ya habían servido con anterioridad para reflejar la adquisición de un acto sacramental. Por último, cuando los ojos del nuevo ser se abren, y la película toca a su fin, suena el tema de amor sobre el mismo viaje aéreo que había abierto la película, mientras surgen sobreimpresionados los créditos. El idea de volar aparece de nuevo, esta vez con el tema que acompañó estas escenas durante la primera mitad de la película, antes de que la voz de Leona Lewis interprete la versión pop del tema principal (I see you, te veo). Al finalizar esta, Horner añade, hasta la conclusión de los créditos, dos fragmentos de dos escenas en las que la música es protagonista. El primer vuelo de Jake, y la reunión de los clanes. No es de extrañar que estén entre sus favoritas. Por desgracia, y tras unas dos horas y media de música, el majestuoso score de James Horner llega a su final.
La banda sonora de Avatar
La edición en disco de la banda sonora de Avatar le correspondió a la discográfica Atlantic records, en colaboración con la Fox. Como curiosidad, cabe destacar que aunque la casa no es habitual de la edición de bandas sonoras, fue la encargada de editar en LP el primer éxito de James Horner en toda su carrera: Star Trek II, allá por el año 1982. Con una discreta campaña que requirió de la creación un sitio web propio, Atlantic utilizó como era de esperar el reclamo de la canción I see you, escrita por Horner y cantada por Leona Lewis, para vender como es debido el disco. Como es obvio, ya que nadie esperaba que se produjese un hecho similar al ocurrido con Titanic en 1997, la edición tuvo unas ventas “mortales”, lo que quiere decir que no rompió estadísticas, pero tampoco le fue nada mal, convirtiéndose en la banda sonora instrumental más vendida del año, según datos de Amazon.
La edición se compuso de trece cortes, además de la mencionada canción, que hacía el número catorce. Se totalizaron cerca de 80 minutos de música, a pesar de lo cual se quedaron grandes momentos fuera. En líneas generales la producción del disco fue acertada, dividiendo adecuadamente las dos partes de la película, amor y guerra, a partes iguales, por lo que el aficionado pudo disfrutar igualmente de las dos vertientes del excelente trabajo de Horner.
Destaca sobremanera el respeto de la edición a los cortes musicales del compositor, que aparecen en su mayor parte, tal y como lo hacen en la película. Con la sola excepción del último corte instrumental, War, que se queda en una duración de once minutos, incluyendo el desenlace de la película, cuando en realidad, solo la música de acción conllevaría veinte minutos, y veintitrés si se junta con el desenlace.
Sobre la canción, se ha dicho no poco de ella, pero en todos los comentarios han aparecido los nombres de Titanic y Celine Dion, lo que es claramente injusto. A nuestro juicio, la banda sonora de Avatar es igual de eficiente que la de Titanic, aunque más madura, rica y original, lo que puede hacerse extensivo en la medida que le toque a la canción interpretada por Leona Lewis.
Sobre la canción de Avatar, y también la de Titanic, habló James Horner al terminar la producción del disco. “Cameron no quería canción en Titanic, quería terminar con la solemnidad de una música como Schindler List”, pero el compositor californiano, y según fue revelado por él mismo posteriormente, siguió lo que él mismo dio en llamar sus “instintos”, grabando la canción My heart will go on, con Celine Dion, en secreto. La decisión fue abrazada finalmente por James Cameron, y el resultado fue un oscar a la mejor canción, y el número uno en todas las listas de ventas de 1998.
Para Avatar hable con Cameron de la canción con mucha más antelación”, reconoció Horner a finales de 2009. “Él estaba empeñado en que Avatar no es una historia de amor, aunque yo no lo creo así. Lo hablé con él, y utilicé los mismos argumentos que para Titanic: hay una película de tres horas y necesito algo que mantenga a los espectadores sentados en sus asientos hasta el final. Una pieza orquestal no lo hubiera hecho”, señaló Horner (I See You).
 
La música que no está en el disco
Como 80 minutos no pueden con todo, la edición en disco del trabajo de Horner carece de importantes secuencias musicales, que vaya por delante, merecen sobradamente una edición oficial, bien en un doble compacto, o bien en un segundo volumen. De entre lo que se echa en falta en la edición de Atlantic, aquí está lo más destacado:
 
La persecución del Thanator
Es la primera secuencia de acción de la película, y durante dos minutos ofrece una secuencia musical intensa, en la que destaca el tema del animal salvaje Thanator, que tendrá gran presencia en los instantes finales de la película. Su ausencia en la edición de Atlantic es una pena, porque ofrece algunos de los fragmentos más violentos de música escrita por Horner en mucho tiempo.
 
Las Montañas flotantes :
El corte se corresponde con el descubrimiento de los protagonistas de la orografía de Pandora, en un corte musical vibrante, muy artístico, y que merece su edición en disco.
 
Huída de la puerta del infierno :
Este corte se corresponde con la huída de los protagonistas de la base humana. Es uno de los más entretenidos de todo el score, destacando el trabajo que el compositor realiza en él con los sintetizadores.
 
Abajo Quaritch y batalla hasta la muerte :
La segunda parte de la batalla final, que está representada en la edición oficial de Atlantic en el corte War. Otro tanto de música podría haberse hecho público para el oyente de incluirse la segunda mitad del trabajo compuesto por un James Horner en estado de gracia. Eso permitiría escuchar el tema de los animales de Pandora, excelente, la destrucción de la nave de Quaritch, y finalmente la pelea de éste con Jake y Neytiri, de más de cuatro minutos de duración.
 
James Horner y James Cameron, como Jake y Neytiri
Quién lo iba a decir cuando en 1986 James Horner y James Cameron se despidieron pensando en no volver a trabajar nunca más juntos, que el destino les reservaba un idilio cinematográfico como pocos. Hoy, compositor y director parecen entenderse a la perfección, basando su relación en la confianza, como ha revelado el propio James Horner, y prestando a la historia del séptimo arte dos títulos inigualables, con Titanic, en 1997, y Avatar en 2009.
En la forma de hablar de James Cameron podemos distinguir que ambos han llegado a un punto de encuentro, que es una misma manera de contar historias: “La música tiene que encajar con las imágenes para transportarnos a un mundo de emociones poderosas. Tiene que alcanzar lo más profundo de nuestros corazones, para permitirnos no solo ver, sino sentir. Los Na´vi dicen que nadie puede enseñarte a ver, lo que significa que el aprendizaje debe venir del interior, y la música es nuestra llave para desbloquear la comprensión de Avatar”.
Dice el director que James Horner “sabía que cuando aceptó hacer la música de Avatar se enfrentaba al mayor desafío de su vida. Él necesitaría indagar en lo más profundo de su ser, para explorar ideas musicales con las que había soñado durante años. Él sabía que el destino de la película reposaba sobre sus espaldas, y sobre su habilidad para hacernos partícipes del épico viaje de Jake Sully”.
Explicó Cameron a la finalización de la producción que “cuando escucho la música de Avatar, me saltan las lágrimas al tiempo que visualizo la reunión de los clanes, las poderosas armadas cabalgando hacia la batalla, la carga de caballería, la caída de los héroes, y la desesperada lucha final de Jake por salvar a la mujer alienígena a la que ama, y el mundo al que ha llegado a llamar hogar. Y a pesar de toda la admirable y majestuosa música que James ha creado en estas escenas, es en aquellas en las que el protagonista aprende a volar en las que, para mi, reside el corazón de esta película. La música para estas escenas combina a la perfección con las imágenes para crear un momento mágico de puro cine, en las cuales el corazón y la imaginación despegan junto con Jake”.
El compositor le devuelve los cumplidos al director, cuando le dice que “trabajar en esta película ha sido una experiencia asombrosa. Tú y yo vivimos constantemente en la rama quebradiza de los árboles, pero como tú me dijiste en una ocasión, ese es el único lugar donde un consumado cineasta debe estar. Ha sido un privilegio y un honor trabajar contigo en lo que seguramente sea un momento histórico en la forma de contar historias a través del cine”. Así lo expresó Horner en el libreto de la edición en disco de Avatar.
Cameron agradeció a su vez a Horner su dedicación: “Tu música es el latido y el espíritu del mundo de Avatar”. Y añadimos, y aunque la afirmación no sea modesta, sí lo es el punto de vista, que Avatar es un hito en la música de cine. Y es porque es una obra maestra sensacional, y porque ha llegado a cada rincón del mundo, por lo que su leyenda se perpetuará. Pero sobre todo porque se convertirá en la mejor banda sonora de la historia para muchos jóvenes aficionados, que al igual que hoy nosotros señalamos obras de los 80 como favoritas, dirán dentro de veinte años que la suya es Avatar, de James Horner..